Cada vez que suena el teléfono y veo ese número tan largo mi estómago me da un pequeño vuelco. Se que se acercan las fechas y por muchos controles que llevemos no consigo llevarlo tan bien como me gustaría. Y llega un nuevo control, digamos que este es “extra” en principio no estaba planeado y aún no acabo de entender bien bien por qué lo hacen. Pero bueno, intentaré verle el lado positivo que mejor cada tres meses que cada medio año por si pasa cualquier cosa pues cuanto antes mejor.
El control anterior no fue fácil, tuvimos un pequeño susto y una prueba de urgencia que me hizo temblar pero todo quedó ahí.
Julen la verdad que cada vez está menos acostumbrado a este mundo. Incluso yo también, cuando entramos en hospital de día notamos que ya no pertenecemos. Antes entrábamos unas cuantas veces al mes, te conocías a todos los pacientes, a toda la plantilla y ellos a ti. Ahora, la plantilla ha ido rotando y quizá están en planta, los pacientes han ido cambiando, unos ya habrán acabado la lucha y otros muchos se encuentran en el principio.
Cuando nos sentamos en la sala de espera, mientras Julen pinta o hace un puzzle, no puedo evitar echar un vistazo a mi alrededor y observar a la gente. Se nota mucho quien se inicia en la lucha de la enfermedad. Aún recuerdo un día, cuando vi a una familia destrozada, su hijo estaba en quirófano colocándose el port-a-cach, lo acababan de diagnosticar de leucemia con 8 años. No pude evitar acercarme a esa madre, desecha, y le pregunté si estaban en el inicio, me explicó su historia y sin pensarlo le di un fuerte abrazo y lloramos juntas. Solo me salió decirle: “a esta mierda te acabas acostumbrando” algo que me han repetido una y otra vez, y que yo, la verdad, nunca entendía. Pero si, vamos que si te acostumbras, no es que ya no duela, es que no permites que acabe contigo, porque si te dejas llevar la enfermad también acaba con la familia.
Yo la verdad que cada vez que me decían que tanto Julen como nosotros “normalizaríamos” la situación pensaba que se estaban volviendo locos. Lloraba cada dia, cada noche, en cada prueba, en cada pinchazo, en cada resultado (que por suerte siempre ha sido de emoción la ver que no era tan malo). Y ahora... pues ahora también lloro pero menos, ahora cuando entro en el hospital de día respiro de otra manera, lo veo todo ajeno, pero aún así, no consigo evitar que un pensamiento me haga recordar todo lo que hemos pasado.
Y ahora que se acerca la fecha, tengo el pensamiento mucho más en mente, de nuevo un TAC, una nueva punción de médula y unos resultados, y con ello, una nueva lucha interna para que mi cabeza no empiece a imaginar los resultados una semana antes. Pero irá bien, todo irá bien y celebraremos de nuevo la vida. Los resultados vendrán de la mano de las fechas navideñas y por tanto del quinto cumpleaños de Julen, así que aún más motivo para agradecer todo lo bueno que está por llegar. Yo siempre he sido muy emotiva para estas cosas, pero ahora aún más, sobre todo cuando soplaste el año pasado las velas de tu cumpleaños lloré de emoción, y más aún cuando cerramos el año, dando paso al 2019 que sabía que iba un gran año, me fundí en un abrazo con mi padre, mientras los dos lloramos mientras repetía una y otra vez: “por fin, por fin”. Para mi, dejar atrás el 2018 con Julen curado y rodeada de mi familia fue la mejor de las bendiciones.
Pero mientras escribo esto, tengo un nudo en el estómago, una parte de mi cabeza tiene la duda, de si todo irá así de bien, de si realmente tendremos buenas noticias. Con la inmunoterapia conseguimos reducir el riesgo de recaída, pero no al 0. Hay riesgo y hay que ser consciente y siempre tengo ahí ese lado perverso de mi cabeza que tiene la poca vergüenza de fastidiar la positividad, pero voy a intentar mantenerlo bien al margen. Voy a centrarme en que todo, siempre, ha ido mejor de lo esperado. Así que esta vez seguro que también.
Y no sabes hijo mío lo orgullosa que me siento de ti, bueno si, porque siempre te lo he dicho, que para mi eres un valiente de los pies a la cabeza, un gran ejemplo de vida que no has perdido la sonrisa ni en los peores días. Que tú, con solo tres años y medio has demostrado que con fuerza y ganas se puede vencer cualquier miedo. Solo tú has sabido lo mal que lo he pasado cuando tenía que pincharte y me decías: “no voy a llorar mama” porque así se me hacía “más fácil”. Estoy eternamente agradecida de que me hayas elegido como madre. Porque no te mentiré, no ha sido fácil, este duro tramo ha sido difícil de superar, pero solo contigo el camino ha podido ir así. Mantén esta actitud fuerte el resto de tu vida. Y gracias, gracias de nuevo, porque gracias a ti renací, siendo la persona que soy a día de hoy.
Mi maternidad empezó en el 2012, con la llegada de Leire. Una revolución que hizo cambiar mi vida completamente, mostró mi lado más tierno, mis ganas de amar, de crecer y evolucionar con su crianza. En 2014 llegó Julen, un pequeño gran terremoto capaz de agotar al más fuerte. Su fuerte personalidad y la superación de su enfermedad ha hecho que sea la persona que soy hoy en día. En 2015 junto a Ana, creé una escuela infantil, un gran proyecto por el que luchamos cada día.
viernes, 6 de diciembre de 2019
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