jueves, 19 de diciembre de 2019

Un gran día

Diciembre es un mes que especialmente siempre me ha gustado, mes de Navidad, de estar en familia, de fiesta y celebración.
Después de todo lo vivido, cuando se acercaban las Navidades pasadas recuerdo que una de las preocupaciones que tenía era si podría celebrarla en casa. Solo pensar que no me podía dividir y que podía estar separada de alguno de mis dos hijos me aterraba. Pero no, pude celebrar la Navidad 🎄 rodeada de mis niños y mi familia.

Este año nos han vuelto a tocar controles para estas fechas, y por suerte los resultados han llegado ya. Todo positivo, todo ha ido la mar de bien, bueno, en realidad mejor que bien, nos han dado la gran noticia de que a Julen le quitarán el port-a-cach y si lo hacen es porque saben que es muy difícil una recaída. 
Al escuchar las palabras del Dr. , Julen no ha podido evitar expresar su emoción y un gran: “POR FIN” con los brazos en el aire y una gran sonrisa le han invadido.

Y ahora ya, de vuelta a casa, y con ello de la rutina, pero para mi hoy es un día especial. He salido del hospital pisando bien fuerte y con una gran sonrisa, porque la vida ha decidido darle la oportunidad de vivir, y ese es el mayor de los regalos. Pelos de punta y ganas de comerme el mundo son las dos emociones más fuertes que he sentido. ¡Qué gran patada! ¡Qué gran lección!

Toca esperar a recibir una nueva llamada, pero al ver el número no será por controles, será por algo muy esperado, y esta vez entraremos en quirófano de otra manera, porque poner el port-a-cach es el inicio pero quitarlo es el esperado y ansiado FIN!

Esta historia tiene un héroe y un valiente, pero en realidad tengo dos. Mi hija Leire, ha sido una campeona de los pies a la cabeza, con solo 6 años se ha metido de lleno en un huracán que nos ha zarandeado de manera muy brusca, y si los adultos hemos sido incapaces de adaptarnos con facilidad imagínate tú. No ha sido fácil, se que no lo has pasado bien, se que podría haberlo hecho mejor, pero no supe hacerlo de otra manera. Pero hoy es un día mágico, zanjaremos esta etapa en breve, nos habremos hecho más fuertes, y seremos personas especiales. Al irnos a dormir hemos leído el cuento del corazón, ese que habla del agradecimiento, y es que hoy tenemos mucho que agradecer a la vida.

La verdad que estos días he estado bastante tranquila, he sobrellevado muy bien todo el tema de la espera de los resultados, también con la mudanza he tenido la cabeza muy ocupada y no he pensado mucho. Pero hoy, al llegar, los nervios me han vuelto a invadir, tenia miedo a volver a meternos de lleno en la tormenta, me daba miedo que de nuevo sacudiera nuestras vidas. Pero no, parece que la tormenta marchó, que salió el sol y llegó la calma y estoy segura que será para siempre, vendrás tormentas nuevas, la vida es así, una pequeña montaña rusa, pero se que al menos sobre este tema no irá escrito. Quien sabe lo que nos depara, eso si, mientras tanto, nos dedicaremos a vivir los días de calma con la mayor ilusión posible.

¡Y gracias ! ¡Gracias a la vida por este maravilloso regalo que nos has brindado!

viernes, 13 de diciembre de 2019

Los días “B”

Me cuesta mucho ponerle nombre a estos días... No quiero llamarle dias “grises” ni visualizarlos como algo “oscuro” porque aunque no sean nada fáciles de sobrellevar, al fin y al cabo siempre acaban cargados de luz con resultados súper positivos. Y pensándolo dos veces, aunque el resultado fuera negativo, gracias a este día “B” podríamos actuar para volver a tratar lo que fuera necesario.

Pero hoy es uno de esos días en los que revivo todo, en los que el miedo pica a la puerta muy sutilmente para que le de paso, y aunque no lo permita es bastante descarado e intenta entrar a la fuerza. Y me viene a la cabeza una frase del cuento del monstruo de colores que Julen se sabe de memoria “El miedo es cobarde” y es totalmente cierto, porque entra cuando más débil estas, se esconde para no poder atraparlo, pero en tus días más fuertes no tiene esa valentía para hacerse viral.

Así que no, no te damos paso. Escribo esto mientras a Julen le realizan la punción de médula, para saber que todo está bien. Y ya hemos hecho ese trabajo antes de entrar para plantarte cara, porque no, no te tenemos miedo, porque no podrás con nosotros, no podrás con el, Julen es más fuerte que tú, es un pequeño valiente que lleva plantándote cara durante un año y medio y lo hará el resto de su vida, que será larga.

Pero conmigo sabes que tienes donde ganar , soy más débil, porque este bicho está haciendo daño a lo que más amo en mi vida, y eso me aterra, pero aún así te planto cara, porque Julen me da la fuerza para seguir adelante.

Los días “B” me hacen dudar, esos días en los que mi cabeza está en otro sitio, se va fácilmente a otro mundo perdido, un mundo lleno de suposiciones, de pensar que podría pasar, de imaginarte cosas que no debes imaginar.
Pero no, echaré a un lado esos pensamientos negativos y me llenaré de fuerza para pensar que esta vez también irá bien. Que el día 19 nos darán de nuevo una gran noticia, que lloraré, pero de alegría por haber vencido a ese maldito bicho.

Hoy ha sido un día “B” mágico. Hemos tenido la suerte de contar con Pallapupas, una increíble asociación de personas voluntarias que hacen una labor increíble. Primero en el box, cantando villancicos, han hecho que la espera fuera más amena, y después en ATE, han entrado en quirófano con nosotros cantándole canciones a Julen y haciendo que su pequeño viaje intergaláctico fuera de lo más mágico. Yo, personalmente, me he emocionado, me he desecho, llena de admiración y muy agradecida por la faena que hacen. Me han abrazado, sin decir nada, y solo me ha salido agradecer todo lo que hacen “No sabéis el maravilloso trabajo que hacéis” No han dicho nada, pero sus miradas eran muy humanas, comparecientes y llenas de amor.

Yo recordaba haber escuchado hablar de Pallapupas, pero nunca había tenido en cuenta lo que hacen, ahora, que he podido vivirlo, doy infinitas gracias a su existencia. Gracias, gracias, gracias.


viernes, 6 de diciembre de 2019

Nuevos controles

Cada vez que suena el teléfono y veo ese número tan largo mi estómago me da un pequeño vuelco. Se que se acercan las fechas y por muchos controles que llevemos no consigo llevarlo tan bien como me gustaría. Y llega un nuevo control, digamos que este es “extra” en principio no estaba planeado y aún no acabo de entender bien bien por qué lo hacen. Pero bueno, intentaré verle el lado positivo que mejor cada tres meses que cada medio año por si pasa cualquier cosa pues cuanto antes mejor.
El control anterior no fue fácil, tuvimos un pequeño susto y una prueba de urgencia que me hizo temblar pero todo quedó ahí.

Julen la verdad que cada vez está menos acostumbrado a este mundo. Incluso yo también, cuando entramos en hospital de día notamos que ya no pertenecemos. Antes entrábamos unas cuantas veces al mes, te conocías a todos los pacientes, a toda la plantilla y ellos a ti. Ahora, la plantilla ha ido rotando y quizá están en planta, los pacientes han ido cambiando, unos ya habrán acabado la lucha y otros muchos se encuentran en el principio.

Cuando nos sentamos en la sala de espera, mientras Julen pinta o hace un puzzle, no puedo evitar echar un vistazo a mi alrededor y observar a la gente. Se nota mucho quien se inicia en la lucha de la enfermedad. Aún recuerdo un día, cuando vi a una familia destrozada, su hijo estaba en quirófano colocándose el port-a-cach, lo acababan de diagnosticar de leucemia con 8 años. No pude evitar acercarme a esa madre, desecha, y le pregunté si estaban en el inicio, me explicó su historia y sin pensarlo le di un fuerte abrazo y lloramos juntas. Solo me salió decirle: “a esta mierda te acabas acostumbrando” algo que me han repetido una y otra vez, y que yo, la verdad, nunca entendía. Pero si, vamos que si te acostumbras, no es que ya no duela, es que no permites que acabe contigo, porque si te dejas llevar la enfermad también acaba con la familia.
Yo la verdad que cada vez que me decían que tanto Julen como nosotros “normalizaríamos” la situación pensaba que se estaban volviendo locos. Lloraba cada dia, cada noche, en cada prueba, en cada pinchazo, en cada resultado (que por suerte siempre ha sido de emoción la ver que no era tan malo). Y ahora... pues ahora también lloro pero menos, ahora cuando entro en el hospital de día respiro de otra manera, lo veo todo ajeno, pero aún así, no consigo evitar que un pensamiento me haga recordar todo lo que hemos pasado.

Y ahora que se acerca la fecha, tengo el pensamiento mucho más en mente, de nuevo un TAC, una nueva punción de médula y unos resultados, y con ello, una nueva lucha interna para que mi cabeza no empiece a imaginar los resultados una semana antes. Pero irá bien, todo irá bien y celebraremos de nuevo la vida. Los resultados vendrán de la mano de las fechas navideñas y por tanto del quinto cumpleaños de Julen, así que aún más motivo para agradecer todo lo bueno que está por llegar. Yo siempre he sido muy emotiva para estas cosas, pero ahora aún más, sobre todo cuando soplaste el año pasado las velas de tu cumpleaños lloré de emoción, y más aún cuando cerramos el año, dando paso al 2019 que sabía que iba un gran año, me fundí en un abrazo con mi padre, mientras los dos lloramos mientras repetía una y otra vez: “por fin, por fin”. Para mi, dejar atrás el 2018 con Julen curado y rodeada de mi familia fue la mejor de las bendiciones.

Pero mientras escribo esto, tengo un nudo en el estómago, una parte de mi cabeza tiene la duda, de si todo irá así de bien, de si realmente tendremos buenas noticias. Con la inmunoterapia conseguimos reducir el riesgo de recaída, pero no al 0. Hay riesgo y hay que ser consciente y siempre tengo ahí ese lado perverso de mi cabeza que tiene la poca vergüenza de fastidiar la positividad, pero voy a intentar mantenerlo bien al margen. Voy a centrarme en que todo, siempre, ha ido mejor de lo esperado. Así que esta vez seguro que también.

Y no sabes hijo mío lo orgullosa que me siento de ti, bueno si, porque siempre te lo he dicho, que para mi eres un valiente de los pies a la cabeza, un gran ejemplo de vida que no has perdido la sonrisa ni en los peores días. Que tú, con solo tres años y medio has demostrado que con fuerza y ganas se puede vencer cualquier miedo. Solo tú has sabido lo mal que lo he pasado cuando tenía que pincharte y me decías: “no voy a llorar mama” porque así se me hacía “más fácil”. Estoy eternamente agradecida de que me hayas elegido como madre. Porque no te mentiré, no ha sido fácil, este duro tramo ha sido difícil de superar, pero solo contigo el camino ha podido ir así. Mantén esta actitud fuerte el resto de tu vida. Y gracias, gracias de nuevo, porque gracias a ti renací, siendo la persona que soy a día de hoy.

martes, 3 de diciembre de 2019

Libros mágicos para adultos y niños

Cuando toqué fondo, tuve la necesidad de subir a flote. Sentía la gran responsabilidad que si yo me hundía arrastraría hasta lo más hondo a mis hijos. ¿Y que madre sería capaz de llevar a lo más profundo a lo que más ama de su vida? Así que ese “click” que sentí en la cabeza fue algo mágico. Me propuse intentar vivir en el aquí y en el ahora y disfrutar de los preciosos y efímeros momentos que pasan durante el día.

Mi primer libro, fue “¡Despierta! ¿Vives o sobrevives?” De Mónica Fusté. Un libro muy dinámico y de fácil lectura en el que te ofrece herramientas para poder abrir los ojos de como aventurarte ante las adversidades. Situaciones que no podemos cambiar y que debemos aprender a llevarlas de la mejor manera posible sin lamentarse o victimizarse. Además de los recursos que facilita para darnos cuenta de la gran diferencia que existe entre VIVIR y SOBREvivir. Para mi, un gran libro que devoré en dos semanas y que tengo pensado darle otra leída en breve.

Otro de los grandes libros fue “El poder del ahora” De Eckhart Tolle. Este es bastante más denso, pero muchísimo más profundo. Requiere leerlo con los 5 sentidos bien activos. Y creo que es importante señalizar las páginas donde te vas sintiendo más identificado para que sea practico recoger el recurso cuando lo necesites.

Al yo sentir que los libros de autoayuda me habían ido muy bien, decidí buscar cuentos adecuados a la edad de los niños. Tener herramientas que te ayuden a superar las dificultades de una manera más cómoda es algo que se agradece. Noté que, sobre todo Leire, debido a todos los cambios su autoestima y su seguridad en si misma cayó. Mi actitud ante ella también se vio modificada, pero eso ya lo hablaré en otro momento.

Volviendo a los cuentos, encontré dos joyas “De mayor quiero ser feliz” y “De mayor quiero ser feliz 2”  de Anna Morato. Cada cuento tiene 6 mini cuentos diferentes que ayudan a potenciar la autoestima, la seguridad en uno mismo y el positivismo. Ofrece ejercicios muy prácticos que se pueden hacer antes de irse a dormir. Cada minicuento explica diferentes momentos de la vida que nos podemos encontrar y ayuda a cómo hacer frente. Así, después, en el día a día, podemos ir refrescando  como se puede solucionar.
El que más nos gustó al principio fue el la mochila invisible, en el que se habla que todos tenemos una mochila invisible que puede ser cargada de pompas o de piedras. Según las palabras o las acciones que hagamos (si son positivas o negativas) puede conllevar a una cosa o a otra. Y también explica que hacer si alguien externo nos intenta echar piedras en nuestra mochila diciéndonos cosas feas o haciéndonos daño (pedir ayuda, no hacer caso etc.)

El “Cuento del corazón”  es uno de los que más me gusta a mi, habla sobre un cajón que tenemos cada uno de nosotros en nuestro corazón, que está repleto de todas las cosas bonitas que tenemos, la familia que nos quiere, amigos, profesores, hasta las cosas más materiales. Se trata de agradecer todo ello cada noche antes de irnos a dormir, ya que si no nos sentimos agradecidos y no valoramos lo que tenemos es como no tenerlo. Así que cada vez que leemos este cuento, damos las gracias a la vida por todo aquello que tenemos. Primero de todo doy gracias por estar vivos, por darnos esta oportunidad cada día de vivir, y también doy las gracias a mis hijos y a mi pareja por estar en mi vida. Me siento eternamente agradecida de tenerlos. Así como de tener a mis padres, a mi hermana, un trabajo y un hogar donde vivir. Que mis hijos también se sientan agradecidos por tenernos, por valorar a sus amigos, y la vida en general me rebosa de felicidad.

Y el otro que también me encanta leer es “Espejo Espejito” dónde se hace referencia a la importancia de valorarse uno mismo. Y digamos que es un resumen de los 11 mini cuentos que se recopilan en estos dos cuentos. Hay una frase que a Leire y a Julen les encanta decir mirándose al espejo cada noche cuando leemos este cuento “Espejo espejito lo importante es que por dentro soy muy bonito”  aquí se habla que da igual como seamos, si altos o bajos, gordos o flacos, cada uno somos como somos porque nuestro cuerpo es ideal para nosotros. Pero como en todas las aventuras, siempre encontramos  el personaje más tirano que se dedica a hacer o intentar hacer daño a las buenas personas, ¿Cómo? Diciendo cosas feas sobre nosotros. Y aquí es donde ofrece también herramientas para hacer frente a estos problemas que son bastante comunes.

Y así es como vamos pasando los días, leyendo cuento tras cuento y poniéndolo en práctica cuando me explican cosas del día a dia. Siempre a los más pequeños cuando les preguntamos: ¿Qué quieres ser de mayor? Suelen contestar: “profesor, astronauta, policía, médico..”. Me muero de ganas el día que me digan: mamá, de mayor quiero ser FELIZ y aquí daré un suspiro al aire sabiendo que lo he hecho lo mejor que he sabido.
Porque ser feliz no es tener el mejor trabajo, o la mejor casa. Ser feliz es sentirse pleno por dentro, sentirte grande por las pequeñas cosas y sobre todo agradecido por todo aquello que tenemos y no fijándose de lo que carecemos. Ser feliz no es fácil, es muy laborioso y costoso, pero alcanzar la máxima felicidad es una sensación de plenitud que todo ser humano debe experimentar. Desde aquí os animo para que cada día nos planteemos como afrontar el día, como superar los retos y como tener grandes recuerdos con pequeñas cosas.

¡Hasta la próxima!

lunes, 2 de diciembre de 2019

La comunicación con los más pequeños


El diálogo es algo innato, empezamos a hablar desde que somos muy pequeños. Sin embargo, muchas veces mantener una conversación de calidad se acaba convirtiendo en una auténtica ¡obra de arte!
Hasta ahora, yo misma, no me he dado cuenta de la gran importancia que tiene el diálogo, tener unas conversaciones fluidas donde en ellas puedan salir diferentes puntos de vista los cuales puedan ser debatidos según los intereses de cada uno.

Con los niños, aún suele costar más, normalmente tendemos a emplear una comunicación basada en el imperativo: “Lávate los dientes”, “Siéntate a comer”, “Ven aquí”, “Escúchame”, “Vámonos” y así un largo etcétera. Yo misma caí en esa trampa y no fui consciente de ella hasta que mis hijos se acostumbraron a hablarme en imperativo, algo que no toleré. Así que mi manera de comunicarme con ellos tuvo que cambiar.

Debemos tener en cuenta que en el día a día nos encontramos con situaciones que no son negociables, y que por lo tanto, no deben pronunciarse en modo interrogativo, por ejemplo, si ya es la hora de ir a la cama, no podemos preguntar: “¿Nos vamos a dormir?” Ya que damos pie a que nos respondan y por lo tanto puede haber una negación y acabaríamos ordenando y actuando de manera autoritaria para conseguir nuestro fin. Así que para favorecer un mejor lenguaje, no se tratará solamente de satisfacer la necesidad del niño sino simplemente cambiar la fórmula. “Creo que ya es tarde, que deberías descansar. Ha llegado el momento de irnos a descansar” No es fácil, venimos rodados de un duro día de trabajo y posiblemente nuestra cabeza no esté para muchas negociaciones. Pero debemos intentarlo ya que solo así podremos conseguir que ellos nos hablen de una manera adecuada.
Al mantener una comunicación fluida, podemos dar pie a la expresión de infinidad de emociones que vayamos sintiendo durante la conversación. Saber poner nombre a nuestras emociones y entender las suyas favorece el diálogo y además conseguimos fortalecer la confianza entre ambos.

En la comunicación, además, debemos acostumbrarnos a hablar siempre a su altura, al agacharnos favorecemos el contacto visual, algo muy importante en la comunicación, ya que gracias a poder mirarnos a los ojos la conexión se ve más reforzada.
Además que al estar a su altura nos permite empatizar más y realizar muestras de cariño.

Un punto que me gustaría también tratar sería en encontrar diariamente algún momento en el que se pueda dedicar un tiempo a comunicarnos sobre cosas que nos hayan pasado, que nos preocupen, o que tengamos pensadas hacer. Para mi, mi momento preferido es durante la cena, no tengo la suerte de comer con ellos, así que aprovecho el momento de cenar para poder ponernos al día de infinidad de cosas. ¿Qué significa esto? Tele parada.
Lo más paradójico de esto es que se suele decir que comiendo no se habla... pero me gustaría que ahora pensáramos en cuando nosotros, los adultos, quedamos con un amigo para comer. ¿De verdad estaremos callados? Quién ha quedado con un amigo para comer y le ha dicho: “Después hablamos que estoy comiendo” Nadie, ¿verdad? De hecho, comer es un acto social, un punto de encuentro donde pasan horas y horas mientras comemos y hacemos la sobremesa. ¿Por qué no lo hacemos en familia?

Otro momento muy bonito que me gusta compartir es el de irnos a dormir. Después del cuento, solemos hacer un recordatorio de lo que nos ha gustado del día y agradecemos alguna cosa del día de hoy. Es un momento mágico que me encanta hacer, porque se van a dormir con otro ritmo. Pero reconozco que muchas veces voy justa de tiempo y me cuesta mantenerlo. Así que el de la cena casi nunca falla.
Muchas veces también he llegado a pensar que comer y hablar les entretiene, pero tengo comprobado que aún se entretienen más con la tele, así que puestos a elegir pues que sea hablando entre nosotros.

Desde que he ido poniendo esto en práctica, he notado que mis peques tienen más facilidad para comunicarse conmigo y sobre todo, lo que más me importa es que la confianza que hemos ido creando entre nosotros es maravillosa.

En la siguiente entrada, os hablaré de unos cuentos preciosos que leemos antes de ir a dormir que nos han cambiado la manera de ver la vida.

¡ Hasta la próxima !

martes, 26 de noviembre de 2019

Los niños se mal acostumbran

¿Cuántas veces habrás escuchado esta terrible frase?
¿Cuántas veces habrás hecho algo sin realmente querer tan solo para que no se “mal” acostumbre? ¿Cuántas veces te habrás sentido mala madre por dejar llorar a tu hijo para que no se “mal”acostumbre?
Y dime...
¿Cuántas veces has escuchado la frase... si haces esto se va a “mal” acostumbrar... no hagas esto otro o lo de más allá...

A mi personalmente me pone bastante nerviosa cuando lo escucho...! De hecho, me he tenido que morder la lengua en varias ocasiones para no tener que soltar una fresca al aire.
 ¿Y sabéis porqué me pone tan nerviosa? Por qué decimos las cosas sin pensar, porque tendemos a demoniciar a los niños. A no tener en cuenta sus propias necesidades básicas. Tan solo pensamos de manera egoísta, en el bienestar del adulto, y muchas veces nos damos cuenta que incluso actuando así, el adulto acaba perdiendo.

Quiero hacer mención a una de las que menos soporto, y quizá sea porque se suele juzgar a familias en las que los bebés son recién nacidos. ¡ NO LO COJAS TANTO EN BRAZOS!, primero de todo, deberíamos echar la mirada atrás, más allá de 1000 años para darnos cuenta de donde viene el sin sentido de esta frase. Vayamos a los años donde no habían sofás, ni alfombras, ni hamaquitas, ni mecedoras que vibran y hacen el sonido del corazón..! ¿Qué hacían esas madres con los bebés? Pues si... llevarlos en brazos... y muchos pensaréis, que tengo razón, pero que hemos evolucionado, y si, claro que si, y hay que aprovechar las evoluciones y beneficiarnos de ellas, pero sin pasarnos. Nuestro sentido más primario, cuando detecta que estamos solos, en una habitación o tumbados en el suelo, se conecta nuestro “click” más prímate y automáticamente nos sentimos en peligro. Y ante el peligro, el llanto es la única solución que puede garantizar nuestra supervivencia. De hecho, cuando escuchamos nuestro bebé llorar, es muy difícil que no se despierte en nuestro interior ansiedad, nerviosismo y ganas de que “se calle inmediatamente” porque nuestro instinto de protección salta automáticamente y si nos vemos obligados a renunciar a ello, nos genera estrés.
Otra de las cosas que hace que no pueda soportar esa frase es la simpleza de que el ser humano es el único animal mamífero que tarda cerca del año en aprender a andar así como muchísimos años en ser suficientemente independiente como para sobrevivir por si mismo. Por lo tanto, me reafirmo en que los bebés necesitan brazos y contacto de manera continua con sus padres. Así garantizaremos un gran apego y una gran seguridad en sí mismo.  Dejar llorar a un bebé es insano, para madre e hijo, no favorece en nada, solo perjudica. Y si, claro que se acaban acostumbrando, claro que se acaban callando, eso también forma parte de la supervivencia. ¿Quién puede llorar durante horas? La mente se acaba agotando y acaba por dormir. Pero piensa si te pasara a ti... tener a tu marido en casa, llorar porque necesitas hablar o explicar un asunto difícil que te preocupa... y acabaras noche tras noche durmiendo mientras lloras... ¿Sería una relación que te gustaría mantener?
Pero claro ... a los bebés no hay que acostumbrarlos al cariño, pero luego queremos unos adultos  atentos y cariñosos. Los niños se duermen, vas con tu marido  sofá, y te abrazas a él (o viceversa) y seguro que no aceptaríamos un: “No voy a ver la serie abrazado a ti que sino te acostumbras y nunca serás independiente..” ¿Suena ridículo, verdad?

De aquí, salto de manera automática al hecho de dormir con ellos, a practicar colecho, y aquí, además de escuchar que se va a acostumbrar, también es muy típica la frase de: “Y CUANDO TENGA 18 AÑOS TAMBIÉN VA A DORMIR CONTIGO?” Pues no... cuando tenga 18 años tendrá sus cosas en la cabeza y ya no querrá dormir conmigo, así que mejor aprovechar mientras dure el momento, que debo reconocer que es muy bonito.
Yo he practicado colecho con mis dos hijos, y es una experiencia maravillosa. Además, favorece el descanso, la habitación de mamá y papá no es mágica, simplemente se sienten seguros y protegidos. No duermen del tirón, los bebés, al igual que los adultos, conforme van pasando por las fases del sueño van haciendo pequeños despertares, lo único, que al sentir la seguridad que estamos ahí, se vuelven a dormir. En cambio, cuando se ven solos, se despiertan debido a la inseguridad y entonces es cuando los padres deben ir hasta la habitación, el bebé ya se ha despejado, los adultos también y el descanso se ve bastante castigado.
Dormir en la misma cama puede resultar bastante incómodo, los bebés suelen adoptar posturas bastante difíciles que hace que a media noche un piececillo te atraviese las costillas. Para ello, lo más adecuado (a mi me funcionó muy bien), lo que hice (si el espacio lo permite) es colocar una cuna colecho o una cama de 90cm adjunta a la de matrimonio. Así el descanso será mucho más favorable.

Así que, lo que creo, es que nunca nunca nunca hagamos nada en lo que nos sintamos dudosos. Y que siempre siempre siempre hagamos los que dicte nuestro corazón. Y estoy segura, que nuestro corazón hacia nuestros hijos siempre escogerá el amor.

En la próxima entrada, hablaré de la comunicación con los pequeños, como negociar decisiones, y como mantener un buen y correcto diálogo.

Hasta la próxima !



lunes, 25 de noviembre de 2019

Un poco sobre mi

QUIEN SOY Y CÓMO HE LLEGADO HASTA AQUÍ 


Siempre me ha gustado escribir, noto que, mientras escribo se organizan mis ideas, estructuro mis pensamientos y lo mejor, expreso y suelto mis emociones. 
Nunca me he atrevido a publicarlo, siempre escribía a escondidas, para pasar el rato y luego todo quedaba ahí, en un papel que siempre acababa siendo perdido.

Viví una infancia feliz, al menos así la recuerdo, unos padres que me han querido y estoy segura que lo han hecho lo mejor que han sabido. Mi hermana, otra gran aliada en mi vida con la que he compartido grandes e imborrables momentos.

En el colegio no me fue tan bien, siempre he sido una niña insegura, con miedo, y ahora que entiendo del tema, con una baja autoestima. Eso me llevó a tener amistades de gran apego que siempre han acabado por hacerme daño. Mi adolescencia no la recuerdo fácil, decidí irme de casa muy joven, tenía mis estudios y un trabajo fijo a jornada completa. Fui mamá por primera vez con 23 años. Para mi, tenía una vida perfecta. Tuve mi segundo hijo a los 24 y seis meses después me casé.

La vida seguía y por momentos pensaba que no era feliz, que no podía seguir así, pero no era capaz de salir de mi zona de confort. Sobrevivía, directamente no me planteaba sobre la calidad de mi vida, solo era consciente de que tenía un hogar y una familia, así que cualquier intento de romper mi bellísima comodidad quedaba fallido. 

Pero me armé de valor y decidí dar el paso, por mi, por mis hijos. Pero la vida no se quedó conforme con el duro tramo que supone dar este paso y un día antes de mi mudanza decidió darme las peores de las noticias. Mi hijo pequeño era diagnosticado de un tumor en el abdomen. La vida me golpeó con la mayor de las hostias, sin tener en cuenta que me sentía muerta en vida. 


Eran cerca de las 2 de la madrugada y aún no nos habían atendido, no era nada urgente, e incluso llegue a pensar si lo mejor era irnos a casa y dejarnos de tonterías. Estaba en plena mudanza y esa misma mañana del 28 de Abril de 2018 me llegaban los muebles a casa, tenia que madrugar ¡Qué pereza! Y ojalá hubiese madrugado... ojalá hubiese llegado a casa a las 5 de la madrugada y hubiese dormido 4 horas, pero no, no iba a madrugar, no tenía que tener esa preocupación, todo aquello que me angustiaba quedaba parado, llegaba a mi una nueva situación , algo que nunca me había pasado por la cabeza, esa preocupación nunca la había tenido, y ahora todas las demás quedaban atrás. Mi ocupación ahora mismo se centraba en que mi hijo superara un tumor que tenía en el abdomen de unos centímetros de diámetro considerables. 

Y ahora, todo aquello de lo que te lamentas día a día queda a un lado, te da igual si es Lunes o Viernes, si es Sábado y llueve y no puedes ir a pasar el día fuera, si has perdido el tren, si no te contestan un whatsapp y tiene el doble check azul, todo eso queda en otro plano. Creo que solo alguien que ha podido vivir esto podrá entender esa sensación de entrar en ese mundo ajeno que ahora te brinda la vida de forma involuntaria. Nosotros no queríamos estar aquí, no queríamos formar parte de esta lucha, no nos gusta este mundo, es una sensación impotente de querer escapar y saber que hagas lo que hagas no tendrás otro camino. Sientes que pierdes el control de tu vida, esto no estaba pensado ni preparado, son cosas que nunca imaginas. Y ahora tenía que aprender a vivir de la manera más contraria posible, al mundo del aquí y el ahora, al mundo sin prisa, al del día a día, a no saber qué pasará mañana, centrarme en el hoy, y por lo tanto, disfrutando cada segundo sin dejar escapar ninguno de ellos. Saboreando esas 24 horas que te brinda un día. Solemos decir que solo vivimos una vez, pero en realidad vivimos cada día, solo morimos una vez, pero cada día es un regalo, cada día vivimos 24 horas, 1440 minutos y en nuestras manos está cómo hacerlo. 
Lo más paradójico de todo, es que se pide vivir de esta manera cuando se lucha contra una enfermedad que suele destruir a la gente. No podía vivir el momento, no podía centrarme en que mi hijo se estaba sometiendo unas pruebas sin tener en la mente el mañana con unos resultados. Es muy difícil no pensar, no imaginar más allá. El peor problema es que nunca solemos imaginar a bien, pensar que todo irá bien es difícil, y siempre se suele centrar la cabeza en aquel pensamiento perdido que suele ser el más caótico, el peor de todos. Aún recuerdo una noche tumbada en la camilla al lado de Julen mientras lo abrazaba y mi cabeza imaginaba su funeral, sentía que lo perdía, que saldría del hospital, pero sin él, no estaba preparada para llorar la muerte de mi hijo. Ninguna familia está preparada para vivir ese momento, es el peor pensamiento que puede tener una madre ante su hijo. Pero mi cabeza era incapaz de centrarse en esa posibilidad positiva, los médicos, sin saber bien bien aún que tenía, me centraban en lo peor, se centraban en una metástasis ósea, medular e incluso sanguínea. Y ya es cuando te trasladan a la planta octava, la de oncología, y aquí ya sabes que todo va mal, y con los pronósticos que te van dando, parece grave, así que es muy difícil pensar que algo puede salir bien.
Pero aprendes, aprendes a ver algo positivo en toda esta historia, te acostumbras a no imaginar resultados, y que si tienes que pensar en algo, pues que al menos tenga una pequeña luz de esperanza

El camino es bastante largo, hay que ir cerrando puertas y quedarnos con aquello que realmente nos hace falta, sin imaginar, pero es muy difícil. Porque tras una prueba hay una espera, y esa espera es muy larga. Y mientras tanto, tienes que organizar tu otro lado de la vida, porque hay vida más allá de la planta de oncología. 

Realmente lo interminable acabó terminando, fueron 2-3 semanas hasta que obtuvimos un diagnóstico, hasta que pudimos ponerle nombre y apellido a ese tumor, hasta que supimos de que gravedad estábamos hablando. Y la buena noticia es que no era tan grave como parecía o como esperaban, aún así, las esperanzas no eran buenas, el riesgo de sobrevivir no eran altas. Tenía que responder de manera rápida al tratamiento, tenía que estar en remisión completa para darse por curado. Cuantas veces habré imaginado cuándo llegaría ese momento... ¡y llegó! ¡Vaya si llegó! Aquí me encuentro, escribiendo entre líneas todo lo vivido después de un año del diagnóstico, cuando Julen se encuentra en remisión completa y sin rastro de enfermedad. 

Ha sido un camino muy difícil, con importantes piedras, con grandes baches. Pero hemos aprendido, he aprendido a vivir cada segundo de mi vida, mi hijo me ha enseñado a vivir con fortaleza, a no resignarse. El aceptó el proceso, aceptó a ser pinchado cada día, a ser sometido a pruebas bastante rutinarias, sin quejarse, sin lamentarse, sin colocarse en la posición de víctima. Y aquí fue donde me planté, donde un día me di cuenta que buscaba una explicación al problema, me lamentaba y me quejaba preguntando sin respuesta que por qué a él, por qué a mi, que habíamos hecho mal, que había podido pasar para que la vida nos pusiera este duro trance. Y así pasaban días, días y días lamentándome, siendo y comportándome como una auténtica víctima, sin ser consciente y ni mucho menos creyendo que había otra forma de vivir ante tal catástrofe. Sentí que estaba muerta, que respiraba sin querer, que andaba sin saber, pensaba sin razonar, vivía por sobrevivir. Los días pasaban sin sentido, y la crisis existencial que viví hizo que tuviera un gran despertar. No aguantaría mucho tiempo más así. Toqué fondo, no podía ir más abajo, y tuve la gran suerte de poder elegir, si quedarme ahí o subir arriba  Pero al sentir ese click en mi cabeza, y gracias a una de las personas más maravillosa de mi vida, desperté.

Me encontraba en la UCI, delante de mi hijo, con el tumor recién extirpado, estaba ahí, inconsciente , intubado, sin saber que iba a ser de él. Cogí el móvil y escribí el siguiente whatsapp: “Sabes una cosa? Esta noche lo he pensado, sabes que me dijiste de acompañarte a tirarte en paracaídas? Pues bien, lo quiero hacer, ¿Sabes por qué? Por qué simboliza el momento que estoy viendo, un momento arriesgado, lleno de adrenalina, nervios y tensión. Un momento en el que te encuentras en el pico más alto y ya no hay marcha atrás y solo te queda un camino: tirarte y aventurarte a caer de la mejor manera posible. Vencer el viento y dejarte llevar por las corrientes para poner los pies en el suelo y tener éxito de la mejor manera posible. Así que si me lo permites, te acompaño”. No nos lo pensamos dos veces, y así lo hicimos, poniendo fin a los tratamientos, dando inicio a nuestra relación, el 1 de Septiembre de 2018 me lancé al vacío como la vida hizo con nosotros debido a la enfermedad. Y al principio, te sientes perdido, que te falta el aire, que no vas a sobrevivir, pero luego todo se controla, planeas y controlas los movimientos pese al peligro de estar en esa gran altura. 



Y AQUÍ ENTENDÍ LA VIDA

Lo que fue mi nueva vida

Cuando un dia te levantas y ves que tu vida ha cambiado para siempre ... y de repente ves que eres fuerte, entiendes la palabra miedo y la ...